La boda de Lily y Luis fue una celebración íntima y creativa que unió de forma hermosa las culturas mexicana y japonesa.
Con solo veinte invitados, cada detalle se pensó con intención. La ceremonia se llevó a cabo en una villa con vista al mar, enmarcada por una paleta romántica en tonos rosa y rojo.
La cena se sirvió en una mesa larga, donde cada lugar estaba marcado con un corazón de vidrio, un detalle considerado que reflejaba el gusto de Lily por el diseño. A pesar del tamaño del grupo, la fiesta se sintió llena de vida, con todos bailando y celebrando hasta tarde.